Teseo

Tuve que darme de baja como usuario de la red social Facebook para reflexionar, repensarme sobre mi capacidad de relacionarme, en toda su complejidad y amplitud.
La correspondencia epistolar, la más personal, la del tú a tú, me pareció que quedó relegada a lo viejo e inservible frente a lo abrumador de lo compartido grupalmente.

Hay interacciones afectivas, predispuestas emocionalmente hacia algo o alguien y que no es bueno confundirlas con aquellas efectivas. El afecto se consigue junto al otro, en un contacto más o menos continúo .El efecto obedece a una causa interior de otro tipo. Cuando nuestros propósitos en esa necesidad de comunicar, de comunicarnos, son diversos, somos selectivos en la vía de conseguirlos. Todos somos actores sociales, hasta en las relaciones más interpersonales (que abarcarían hasta las más amorosas e íntimas), somos actores y agentes, con sus luchas de poder, porque en el amor también existen las relaciones de poder, quizá no exista un espacio existencial tan denso como ese para expandir el poder y erotizarlo. Pero especialmente somos actores sociales en la dimensión grupal. Más aún, nos tapamos con nuestro mejor y más efectivo disfraz frente a la comunidad de actores, los otros, aquellos con los que lo privado y lo público se diluyen en una especie de “ sinsaber”, dónde y frente a quién estoy en ese entorno de “amigos de mis amigos”, de extraños donde el vínculo afectivo apenas puede existir.
Parece, a ratos, que el sentido común se pierde, que nos perdemos privadamente en un “yo” público,dejando de ser uno mismo y fundirnos en parte en el reflejo de los otros. ¿Quién soy? ¿Por qué soy? Y, sobretodo,¿ para qué soy?¿ Para qué tanto ser? ¿Qué andamos buscando?¿Es el reconocimiento de otros sobre nosotros mismos? Sobre qué virtudes esperamos ser reconocidos ¿Es la autoestima tan vulnerable? Nunca antes se habló tanto de ella, apenas existía. De pronto, se volvió pública, y es fácil ahora que otros hablen de la autoestima de uno mismo, un territorio privado hasta hace bien poco y donde todos pueden meter la nariz ahora, con tanta divulgación de la Psicología, nos volvimos todos piscólogos. Deja mi autoestima en paz, por favor. Deja de psicoanalizarme. Soy un ser con buena esencia, pacífico, razonable y respetuoso con mi entorno. Deja de violentar mi propia búsqueda de mi identidad para justificar la tuya. ¡No nos pondríamos de acuerdo ni por Facebook! Qué bueno habría sido tener a Teseo como amigo en Facebook y poder dialogar sobre su paradoja, y le habría escrito en su muro que aquel barco que zarpó de un puerto, y arribó a otro, en realidad no fue el mismo barco el que llegó, aunque finalmente sí fue la misma ruta la que hizo. En aquella metáfora está más o menos la cuestión. Que vamos hacia al mismo puerto y en la misma ruta, Teseo de mi corazón. Pero no llegaremos a ese puerto siendo el mismo ser que zarpó un día.

La identidad está sobrevalorada, es la búsqueda perpetua de nosotros mismos. Una búsqueda sin fin. Y es angustiante esta conciencia de que somos bien poca cosa, casi parece parte de la tragedia humana.

Teseo