Hasta que la herencia nos separe

Querida Carmen
Hace ya dos meses del fallecimiento de nuestra madre. Desde el día de su funeral no he tenido ocasión de verte ni he recibido tus noticias. No respondiendo a mis llamadas, me tomo la libertad de escribirte esta carta que espero nos sirva a los dos para ordenar los temas escabrosos que tanto nos cuesta abordar en estas circunstancias.
Después de consultar con mi abogado respecto a la herencia de las propiedades que nuestra madre nos deja, y no habiendo testamento alguno ni escrito, ni verbal, el resultado es que tendremos que pagar el impuesto de sucesiones y donaciones que se aplica en Andalucía, aunque tanto tú como yo residamos en comunidades distintas. El patrimonio total entre las dos viviendas y la pequeña finca asciende a novecientos mil euros, siendo el importe de sucesión unos doscientos treinta mil, a pagar a partes iguales entre los dos, como es natural. No disponiendo yo de esa liquidez, ni teniendo interés alguno en pedir un préstamo para hacer frente a esa bárbara cantidad, estoy considerando la opción de vender mi parte de esas propiedades y así poder hacer frente al pago de dicho impuesto.
La Navidad está próxima y, tanto yo como mi mujer Josefina, estaremos encantados de que nos visites unos días en Barcelona. Tendremos ocasión de hablar con tranquilidad sobre el tema.
Teniendo en cuenta nuestro distanciamiento en los últimos años por razones poderosas para ambos, confío que el fallecimiento de nuestra madre no ahonde más en nuestras heridas. ¡Muy al contrario! Estoy convencido de que estos acontecimientos deberían, en el mejor de los casos, acercarnos nuevamente y limar las asperezas que han ensombrecido nuestra relación durante todos estos años. Bien mirado, querida Carmen, una herencia siempre es motivo de unión.
Siendo consciente del significado sentimental que supone para ti la vivienda principal, donde nacimos y pasamos nuestra infancia, estaría dispuesto a venderte mi parte de esa casa. Huelga decir, que el precio sería según tasación actual.
Si por el contrario, no te resultara posible viajar hasta Barcelona, creo que lo más práctico será que nuestros abogados se ocupen de este asunto, así que te agradecería me facilitaras los datos de tu letrado para poder iniciar los trámites oportunos.
Hay herencias envenenadas, Carmen, la nuestra no debe separarnos definitivamente.
Tu hermano, Juan.

Hasta que la herencia nos separe